
Sol emigró a Malasia hace varios años para huir de la violencia y preparar un hogar para que su mujer y su hijo vinieran a reunirse con él. Hace unos meses, había ahorrado suficiente dinero para pagarles el pasaje a Malasia y tenía una casa preparada para ellos. Por fin había llegado el momento de que su esposa y su hijo de 14 años se reunieran con él, pero fueron detenidos cuando intentaban salir de Myanmar.
A su esposa la liberaron al cabo de unos meses, pero le dijeron que su hijo permanecería detenido hasta 2025. Ahora ella espera su liberación.
Sol me preguntó si había algo que la ONU o alguien más pudiera hacer. Su espera para reunirse con su familia se había topado con una gran decepción. No paraba de decir: «Alguien debe tener piedad. Deben tener piedad».
Aunque parecía que no había ningún recurso para ayudar a su situación, le compartí la historia de Jesús curando al mendigo ciego a las afueras de Jericó, quien también clamaba misericordia. Cuando la multitud intentó callarlo, él gritó aún más fuerte: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!». Este hombre sabía que sólo Jesús podía ayudarle.
La situación de Sol es similar en el sentido de que hará falta que Jesús convierta los corazones de la gente para liberar a su hijo. Afortunadamente, servimos al que puede liberar a los cautivos (Isaías 61). Señor, ¡que así sea!
- Oremos para que esta situación conduzca finalmente a la salvación de Sol y su familia.
- Oremos para que el hijo de Sol sea liberado y que esta familia se reencuentre sana y salva.
- Oremos por apertura y conversaciones continuas con Sol mientras caminamos con él a través de esta dificultad.
- Oremos por otras personas Rohinyá que enfrentan situaciones similares. Que Dios los consuele y se acerque a ellos.